Eran hijos de Cídipe, una de las sacerdotistas de Hera. Esta mujer deseaba ardientemente ir a Argos para ver la estatua de la diosa que había hecho el gran escultor Policleto el Viejo, a quien se comparaba con su contemporáneo más joven, Fidias. Argos estaba demasiado lejos para ir caminando y no tenían caballos ni bueyes que tiraran de un carro. Pero sus dos hijos resolvieron cumplir su deseo y ellos mismos se engancharon a un carro y tiraron de ella hasta Argos, en medio de todo el polvo y el calor. Al llegar, todos admiraron la devoción filial de Bitón y Cleobís y la madre, orgullosa y felíz, llegó ante la estatua de Hera y le pidió que concediera a sus hijos el mejor regalo posible. Cuando acabó su plegaria, los dos muchachos cayeron al suelo. Sonreían y parecían tranquilamente dormidos, pero estaban muertos.
Mitos breves, Edith Hamilton.
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